viernes, 4 de octubre de 2013

Juan de Ávila, un reformador de ayer para el mundo de hoy


El 18 de julio tuvo lugar en el salón de plenos del Ayuntamiento de Baeza la sexta sesión de las Jornadas Los Jueves de Juan de Ávila con la ponencia “Falsas y verdaderas reformas de la Iglesia según el Maestro Ávila”, impartida por Monseñor D. Juan del Río Martín, miembro del Comité Ejecutivo de la Conferencia Episcopal Española y Arzobispo castrense. El acto estuvo presidido por el Excmo Sr. Alcalde del Ayuntamiento de Baeza, D. Leocadio Marín. La presentación del ponente corrió a cargo de la Directora de las Jornadas, la Dra. Dña. Mª Dolores Rincón González, Catedrática de Filología latina de la Universidad de Jaén y Comisaria de la Exposición Juan de Ávila, el Maestro y su tiempo.





En su ponencia D. Juan del Río reivindicó el papel de Juan de Ávila como figura universal de la verdadera Reforma española, en el sentido de que su doctrina y el ejemplo de su vida y de su ministerio sacerdotal siguen iluminando los caminos de la vida religiosa en los tiempos actuales y lo acercan a los postulados del nuevo papa Francisco. Por ello, el ponente destacó la faceta de Juan de Ávila como hombre cercano y preocupado por la realidad social de su época, especialmente en el caso de los pobres y huérfanos, así como de los niños y las mujeres. Asimismo, el ponente señaló que algunos de los postulados reformadores de Juan de Ávila fueron asumidos por el Concilio de Trento y por sínodos diocesanos.

D. Juan del Río prestó especial atención a los hitos biográficos de Juan de Ávila que marcaron su vocación de predicador itinerante y su idea de regenerar la Iglesia en los años en los que el luteranismo estaba en plena efervescencia, como afirmó el propio Ávila, “muchos eran los frentes y muy gastada estaba la cristiandad”. A continuación, Monseñor Del Río fue desglosando de forma minuciosa y amena las ideas centrales del reformismo de Juan de Ávila, particularmente sus claves teológicas y pastorales, como hombre de pensamiento y acción que hizo posible el diálogo fe y cultura en los tiempos convulsos por los que atravesó la Iglesia de su tiempo.

El reformismo propugnado por Ávila suponía renovar la Iglesia de su época armonizando la espiritualidad interior con la necesidad de cambios estructurales y externos, en pos de una Iglesia más humana y cercana, de ahí su crítica a la jerarquía eclesiástica (especialmente en los relativo a la relajación de las costumbres y a la necesidad de mejorar la deficiente formación de los clérigos) y sus denuncias sociales (contra los juegos de azar, la usura, la codicia y los matrimonios clandestinos, que declaró que no eran lícitos si se hacían sin testigos), sin obviar sus propuestas de mejora sociales (descanso dominical para los obreros, fomento de las escuelas públicas, etc.). La piedra de toque de su reformismo fue el cristocentrismo y la idea de Dios humanado en la figura de Cristo crucificado (Dios es amor y predica amor), es decir, su reforma va de dentro hacia afuera, dado que, para Juan de Ávila, toda reforma verdadera debía “pasar por el corazón del hombre”, pues la raíz del mal o del pecado está en el corazón de las personas.

D. Juan del Río también destacó que Juan de Ávila se adelantó a su tiempo por fomentar, conforme a las corrientes humanistas de la época, la lectura asidua de las Escrituras, especialmente del Nuevo Testamento. Su predicación y sus escritos estuvieron, además, centrados en la dimensión sacramental y en la oración mental. Por ello, Ávila insistió, como revelan sus sermones y cartas, en la importancia de que el pueblo conociera la doctrina cristiana y frecuentara los sacramentos, y puso todos los medios para ello. Tal fue el caso de su catecismo cantado para niños y su recomendación de la Comunión frecuente, según indicó muy oportunamente el ponente.

Articulo recogido: CEE (http://sanjuandeavila.conferenciaepiscopal.es/)


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