lunes, 7 de octubre de 2013

Discípulos Baezanos del Maestro Avila



El Maestro Luis de Noguera natural de la ciudad de Baeza, hijo de padres no ricos, más virtuosos, buenos cristianos muy temerosos de Dios, y que guardaron sus mandamientos con cuidado como hijos fieles. Con este amor y temor que profesaban criaron a su hijo Luis, instruyéndolo en el camino de la virtud y servicio verdadero de nuestro Señor.



Desde la escuela le aconsejaban la humildad y la modestia que había de tener para con Dios y los hombres, y en el estudio así de la gramática, artes y teología no perdió lo que había mamado antes fue creciendo en la profundidad de esta excelente y virtud y con ella en las demás que perfeccionan el alma y la justifican y hermosean para enamorar, agradar y servir a Dios.



Aprovechó en letras y en virtud muy concienzudamente, se graduó en las dos facultades de Artes y Teología y le sacaron de las escuelas ( 1 ) para darle un Priorato en la ciudad de Jaén, donde vivió muchos años. La Iglesia que le cupo en suerte es la de la Santa Cruz, de quién fue notablemente devoto preciándose de llevarla a imitación de su Maestro y Redentor Jesucristo.


La renta era muy tenue, y aunque los Obispos quisieron mejorarle en otra más opima, porque que darle a él la renta era dársela a los pobres, no fue posible que asiente a ello antes con verdadera humildad se excusó notablemente.

Fueron coetáneos y muy amigos él y el venerable predicador apostólico Diego Pérez, y aún entre los dos hubo notable y santa competencia confesando el uno al otro por más siervo de Dios, más humilde y justo.

De cuya vida y virtud diré lo que me dijo Doña María Mejia, gran señora en virtud y sangre, hija de D. Fernando de Torres y Portugal, Conde de Villadompardo y Virrey que fue del Perú… fielmente fui escribiendo lo que me refirió:


“Lo que yo sé de éste santo varón…es que su vida fue talque mientras vivió frontero de nuestras casas, vivió tan santamente, que no se le probó entrar mujer por sus puertas aunque estuviese enfermo. En nuestra casa se le guisaba de comer tan poco y tan humilde, que era para solo poder vivir. Porque su ayuno abstinencia y penitencia más era de hombre lleno de favores del cielo que de persona terrena.

Sus sermones eran tan continuos y de tanto provecho, que según la noticia que tengo, se consideró un gran discípulo de San Pablo. Porque convirtió con ellos tantas almas cuantas solo Dios sabe aunque el ser muchas es público en esta ciudad de Jaén.

Toda la ciudad le oía como a santo, y decían muchas personas, que cuando predicaba les parecía, que hablaba el espíritu Santo en él, y que sus correcciones las hacia Dios a cada uno  de por sí dentro de su alma.

El memorable Don Francisco sarmiento Obispo de esta ciudad, amigo de santos y virtuosos le hizo gracia de un arcedianato: A lo cual le respondió, que su Señoría no le quería bien, pues intentaba quitarle de su quietud, pues le bastaba su pobre Priorato. Replicole el Obispo, que así tendría más que darle a los pobres, a lo que le respondió : En las limosnas de V.S. y de otros buenos, que pasan por mis manos se sirva de su Divina Majestad.

Todo lo que tenía de renta lo daba de limosna, no tenía en su casa otra cosa, que algunos libros y una pobre cama. Cada año daba de limosna más de dos mil ducados que le daban a él hombres ricos y devotos para que los distribuyese, sin otras muchas que hacía que eran innumerables. Era tan amigo de socorrer y remediar a los pobres, que muchas veces daba la pobre comida, que le llevaban de nuestra casa, Y así había puestos espías para enviarle algo con que se sustentase.

Fue muy celoso del servicio de Dios y con cuidado remediaba las ofensas que eran públicas y las secretas con el recato y secreto posible. Era gran componedor de odios y enemistades, odios y disensiones, hacia olvidar  afrentas  perdonar agravios, aún de muertes, y otras notables desgracias, ponía orden, limite y rienda a los juegos desordenados, corregía hombres deslenguados en el maldecir, jurar, perjurar y blasfemar.

El daba remedio a los flacos que vencidos de necesidades humanas  cayan en flaquezas y pecados. El detenía y enfrentaba con sus humildes, devotas y piadosas pláticas celosas y santas reprehensiones a los viciosos para que no ofendiesen a Dios. Reprimía a los usureros, que trataban mal con ganancias ilícitas, y las usuras las hacia se trocasen en limosnas.

Todo el pueblo acudía a él y a todos acudía, todo lo allanaba, componía y remediaba y con mucho sec reto dando a cada uno lo que le había de estar bien para la necesidad de su alma y aún para la del cuerpo. Era padre de huérfanos amparo de viudas, arrimo de todos los pobres.
Fue condiscípulo del Doctor Diego Pérez, y me constaba que entre ellos hicieron un tratado de vivir guardando cierta memoria en su alma. Y suspiraba con lágrimas diciendo, que daba gracias al Padre Eterno que el santo Diego Pérez era más puro, mas santo y a quien no osaba nombrar, ni merecía por compañero. Mas que tenía confianza en Dios, que por las oraciones de aquel tan gran amigo del mismo Dios tenía su misericordia sobre él y suspiraba rogando al Señor le dejase seguir sus pisadas por ser tan parecidas a las de Cristo Jesús nuestro bien.

Afirmaba esto, esta honrada Señora, que tenía por cierto que obraba el cielo con él  tan altas misericordias por su profunda humildad y por su caridad indecible. Murió cargado de años y de santas  obras el año 1590. En su entierro se halló toda la ciudad sin llamar a nadie, todos lo reverenciaban por santo, pues aún los niños decían a voces ya sacan el santo. (*)

(Tomado del capítulo XIX de la historia de la Ciudad y Reino de Jaén del Maestro Bartolomé Xímenez Patón. Jaén 1628)

(*)      

Bernabé de Hortigosa, presbítero, vecino de Jaén, que durante nueve años lo acompañó hasta que murió, nos dirá “Fue Prior de la Parroquia de la Santa Cruz de Jaén  más de treinta años, perseverando en el puesto indicado con humildad y entrega, habiendo podido situarse en sitios elevados, cumplió exactísimamente la obligación de cura; lo fue “de verdad” y no “de nombre”. Varón santísimo en letras y santidad, que se preciaba de ser discípulo del Venerable Padre Maestro.

Blas Rodriguez  Pancorbo, Prior de la Parroquia de Santiago de la ciudad de Jaén nos dirá: que lo conoció de pequeño y sabe de su gran virtud, santidad, penitencia y pobreza y cómo fue Varón de gran espíritu en la predicación y enseñanza de las almas y como todo esto confesaba haberlo aprendido de la doctrina, espíritu y santa vida de su Maestro.


            (declarantes en el proceso de beatificación del Maestro Juan de Ávila)

Ximena Jurado en la página 495 de Anales de Jaén, nos dirá: que nació el 1527 y murió el 16 de septiembre de 1590 refiriéndose a él como VENERABLE.  El año 1592 dio licencia el Sr. Obispo Sarmiento para que el cadáver se colocase dentro del altar mayor de su parroquia de Santa Cruz y que registrado el 1626 se encontró incorrupto.

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