viernes, 4 de octubre de 2013

El Maestro Juan de Ávila, un ingeniero de nuestro Siglo de Oro


El pasado jueves, 11 de julio, tuvo lugar en el Ayuntamiento de Baeza la quinta sesión de las jornadas Los Jueves de Juan de Ávila. En esta ocasión la ponente invitada fue la Dra. Isabel Velázquez Soriano, Catedrática de Filología Latina de la Universidad Complutense de Madrid y experta en temas relacionados con la historia de la ingeniería. Impartió una conferencia titulada “Los ingenios de Juan de Ávila”. La presentación de la ponente corrió a cargo del Dr. Juan Gómez, Director de la Escuela Politécnica Superior de la Universidad de Jaén.



En su ponencia la Dra. Velázquez habló de los ingenios hidráulicos atribuidos a Juan de Ávila. Se trata de una faceta de la vida del Apóstol de Andalucía muy poco conocida y que apenas ha despertado el interés de los estudiosos, que se han ocupado principalmente del magisterio espiritual de Juan de Ávila y desde un punto de vista excesivamente hagiográfico, lo que, a la postre, ha ocultado otras facetas muy interesantes de este personaje. Además, la escasa documentación relativa a los ingenios atribuidos a Juan de Ávila ha provocado que cualquier acercamiento a este tema se mueva en el terreno resbaladizo de la especulación.

Pese a ello, la ponente ofreció un riguroso y ameno repaso al estado de la cuestión de los ingenios atribuidos a Ávila. Ilustró sus reflexiones a partir de los documentos conservados y un gran número de imágenes, fotos y dibujos de ingenios hidráulicos de la época. Prestó especial atención al Pleito del Archivo de Protocolos notariales de Córdoba en el que se recoge el que sostuvo Ávila por haberle sido usurpada la invención de unos ingenios para subir agua, así como el Pleito del año de 1550 (Archivo de Simancas) en el que se cita a un tal Antonio Ruiz Canalejas usurpador de la autoría de dos ingenios de Juan de Ávila, llamados “Balanza de cajas” y “Suplevientos”. Asimismo, la ponente se ocupó de las Grúas de El Carpio (Córdoba), que fueron construidas por Claudio Azaro (1561-1568) a partir, seguramente, de un diseño de Juan de Ávila, maestro del mencionado Azaro, que pasó sus últimos años como eremita en El Tardón. También se prestó atención al “Artificio de Juanelo” para subir agua del Tajo, dado que este tipo de ingenio se asemejaría a una de las máquinas hidráulicas atribuidas a Juan de Ávila, denominada “Prudentes mañas”. El nombre de este curioso ingenio fue objeto de una interesante disquisición etimológica por parte de la ponente, que hizo gala de sus profundos conocimientos en la lengua latina para explicar el significado del mismo.

La Dra. Velázquez hizo especial hincapié en la importancia que tuvo la tecnología en el llamado Siglo de Oro español, una época áurea no sólo en las letras y las artes, sino también en la ciencia, como ponen de manifiesto las importantes construcciones de ingeniería que se realizaron en España en esa época. Y es ese contexto de efervescencia tecnológica en la España del Quinientos el que puede arrojar una mayor luz sobre la faceta de Juan de Ávila como ingeniero, sin duda, importante si atendemos a la duración del permiso de explotación, cuarenta años, y la cantidad de 6.000 ducados que suponía el pago por su explotación. En este sentido, la ponente destacó la importancia que en la formación científica de Ávila pudieron tener los maestros con los que estudió en la universidad de Alcalá, como fueron el físico y matemático Domingo de Soto, considerado el precursor de Leibniz, y Pedro Ciruelo. Con tales maestros no puede descartarse que Ávila, que detestaba el estudio de las leyes, hubiese tenido una sólida formación científica, si bien, como sostuvo la Dra. Velázquez, el propio Ávila procuró ocultarla bajo el anonimato conforme a la humildad que le caracterizaba. Por ello, es necesario que los estudiosos del Apóstol de Andalucía lean entre líneas sus propias obras y las biografías que se nos han transmitido con objeto de entresacar aquellos detalles alusivos al interés del Maestro por las ciencias, un interés que, por lo demás, pone de manifiesto el carácter generoso y utilitario que para Ávila, como hombre preocupado por el bienestar de sus semejantes y la mejora de sus medios de trabajo, tuvieron los ingenios por él diseñados. He aquí, pues, otro de los grandes legados del gran Juan de Ávila.



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