sábado, 13 de octubre de 2012

EL TRIDUO SANTO


DEL MES DE OCTUBRE DE 2012



Comparado con la inmensidad de la Plaza de San Pedro, un insignificante número de peregrinos baezanos se dispone a participar en la ciudad eterna de los actos solemnes que dejaran huella mientras vivamos.


Eran las seis de la tarde. La Basílica de Santa María la Mayor, la más española de las iglesias romanas, nos acogía entre tantos y tantos peregrinos procedentes de todos los rincones de la patria, para celebrar la VIGILIA SOLEMNE del acto tan querido y anhelado durante siglos.



El cardenal español Santos Abril Castelló, arcipreste del templo, acompañado de los cardenales de Madrid y Barcelona  presidía la ceremonia -  tras abrirse paso el cortejo que salía de la sacristía, con la majestuosidad, la elegancia, la sencillez que el caso requería.



El coro de la Basílica, dirigido por  el sacerdote catalán Valenti Miserachs nos introducía con los acordes del órgano. ¡qué lectores! ¡qué cantos!

El Obispo de Ciudad Real, nos daba la bienvenida. El Cardenal que nos presidía tuvo la homilía. El Obispo de Córdoba, al concluir, tras cantar a pleno pulmón el Himno de San Juan de Ávila, nos preparaba para lo que estaba por llegar al día siguiente.


Mientras los peregrinos disfrutábamos de la noche romana, en la Embajada de España ante la Santa Sede tenía lugar la recepción de la Delegación Española designada para el caso, las autoridades económicas y la de las ciudades avilistas.

7  de   OCTUBRE


Había que madrugar. Aunque teníamos credenciales no era caso llegar tarde. A partir de las ocho de la mañana ya se podía acceder a la plaza de San Pedro. El ir y venir de fieles y autoridades, sacerdotes, obispos y cardenales por todas partes le daba un tinte característico a la plaza. Estaba la mañana fresquita con asomo de nubes. El correr del tiempo pasaba inadvertido.


A medida que se acercaba la hora, tras el rezo del Santo Rosario y la escucha de unos textos avilistas, iban tomando sitio las autoridades, los cardenales, los “Obispos  Sinodales”, los españoles y alemanes que concelebrarían la Eucaristía.


En un impresionante silencio de multitud, con el canto gregoriano que se percibía a lo lejos de la “letanía de los Santos”, el pueblo todo al unísono respondía: ¡Te rogamos, óyenos!  El Papa, se desplazaba lentamente hasta el altar para incensario, pasando acto seguido a ocupar la “SEDE de PEDRO”.


El cardenal para la causa de los santos hizo la presentación. La promotora del Doctorado trazó unas pinceladas sobre lo que fue la Vida y obra de San Juan de Ávila. Ante tales testimonios, el Papa, en virtud de su autoridad como Obispo de Roma lo proclamó DOCTOR DE LA IGLESIA UNIVERSAL.


Los tapices de los nuevos doctores que hasta este momento habían estado cubiertos fueron descorridos. YA ERA SAN JUAN DE ÁVILA, POR VOLUNTAD DEL PAPA, DOCTOR DE LA IGLESIA UNIVERSAL.


La pintura del nuevo DOCTOR hacía alusión a Baeza, a su catedral, a su fuente de Santa María, a la ciudad que El amó y se desvivió por ella.



8  de  OCTUBRE


Por si fuera poco la fiesta del “DOCTORADO”, había que ponerle broche de oro. A las diez de la mañana, una nueva cita, esta vez en el altar de la Catedral de San Pedro de la Basílica Vaticana.



Los españoles éramos convocados a DAR GRACIAS A DIOS. Cantaba la capilla musical de la Basílica, dirigida por el también sacerdote y músico español Pablo Colino. Presidía el Cardenal de Madrid. Concelebraban todos los Obispos españoles y los sacerdotes presentes.


¡Qué lecturas bíblicas! ¡Qué solemne “Oración de Acción de Gracias” y como colofón a los acordes del órgano de la Basílica de San Pedro, con todos los registros sacados, el HIMNO A SAN JUAN DE ÁVILA brotaba de nuestra alma a todo pulmón.


TRIDUO SANTO, TRIDUO de S. Juan de Ávila, TRIDUO de emociones contenidas, TRIDUO de recuerdos de los nuestros y de todos, TRIDUO de sentimientos profundos, TRIDUO sobretodo de fe vivida, sentida y manifiesta, TRIDUO SANTO.






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